
El stock ovino en Telsen: entre la resiliencia y la fragmentación productiva
En el año 2024, el departamento de Telsen contabilizó un total de 87.956 ovinos, según datos proporcionados por la base de datos de existencias por estrato y departamento del SENASA.
Si bien esta cifra es significativa en términos absolutos, al desagregar los datos por tamaño de establecimiento, emergen preocupaciones y desafíos estructurales que deberían llamar la atención de productores, técnicos y autoridades
Uno de los rasgos más evidentes es la alta fragmentación de la estructura productiva: más del 56% de los establecimientos poseen entre 51 y 500 animales, un estrato que, si bien representa el corazón de la ganadería extensiva tradicional, enfrenta severas limitaciones para alcanzar economías de escala, incorporar tecnología o enfrentar los embates climáticos y de mercado.
En el otro extremo, solo 24 establecimientos (14,7%) concentran 57.322 animales, es decir, el 65% del stock ovino total del departamento. Esto evidencia una concentración productiva creciente que contrasta con la atomización del resto del sector.
La diferencia de escala no es neutra: quienes superan los mil ovinos pueden acceder con mayor facilidad a herramientas financieras, técnicas de suplementación, genética o esquemas de comercialización diferenciados. La franja más vulnerable está integrada por los pequeños productores: casi el 22% de los establecimientos tiene menos de 50 ovinos, un número insuficiente para sostener ingresos familiares estables en un contexto de costos crecientes y mercados poco accesibles.
Estos productores no solo están en riesgo económico, sino también en riesgo de desaparecer como actores productivos si no se generan políticas activas para su inclusión y fortalecimiento. El dato estructural que deja este relevamiento es claro: Telsen necesita un reequilibrio.
La producción ovina sigue siendo una de sus actividades más extendidas y tradicionales, pero la disparidad en las escalas de producción y en las oportunidades de desarrollo está ahondando una brecha que compromete el arraigo rural, la sostenibilidad ambiental y la equidad territorial.
Revertir esta tendencia implica apoyo técnico y financiero específico a los estratos medios y bajos, mecanismos asociativos reales y eficaces, incentivos para la producción con valor agregado y una mirada de largo plazo que priorice el desarrollo rural por sobre el mero conteo de cabezas.
Telsen sigue teniendo una oportunidad con su majada. Pero esa oportunidad debe ser sostenida con decisión política, compromiso técnico y trabajo conjunto entre el Estado, los productores y las organizaciones del territorio.